Las relaciones (im)personales en la era del smartphone y cómo tener sexo con una I.A.

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Los ojos ansiosos que constantemente revisan la última conexión del susodicho (o susodicha) en turno para saber si son ignorados, la gente en el transporte público que se entretiene viendo su timeline de Facebook, las familias que se ignoran en los restaurantes cuyos rostros se iluminan de ese color azul tan característico y (desgraciadamente) tan conocido por todos nosotros. Si perenganita te borró ayer de sus amigos de Facebook, quiere decir que “en la vida real” ya no es tu amiga, si el chico popular no le regalo un like a tu foto sexy de perfil es porque no le interesas, tu estado de ánimo depende de la popularidad que tengas en Instagram.

En este mundo hiperconectado todos nos encontramos solos, con nuestros egos en forma de Facebook, nuestras inseguridades en forma de Twitter, nuestro narcisismo en forma de Instagram. Es más fácil lidiar con un azulejo negro que puedes dejar sonando todo el día a enfrentarte a un rostro real que te exige atención y respuestas inmediatas… ¿no sería más sencillo si en vez de lidiar día a día con personas de carne y hueso pudiéramos hacerlo por medio de nuestros dispositivos móviles? O mejor aún, ¿no sería mejor tener amigos o parejas virtuales que satisfagan nuestros deseos antes de siquiera formularlos, (y, ¿por qué no?, de paso nuestra vanidad), que nos conozcan tan bien que complazcan nuestras necesidades y que además estén al alcance de un click?

Pues bien, hay alguien quien sí logró vivir esa (¿maravillosa?) fantasía. Ese alguien es nuestro querido Theodore Twombly. Él es una persona que podríamos definir en una palabra: común. Común en el sentido de que su vida se limita a ese eterno peregrinaje de su casa a la oficina; tiene el día perfectamente planeado y no se preocupa mucho por la gente que lo rodea. Lo curioso es que en su trabajo se dedica a regalar emociones y conectar personas por medio de postales mientras que en su vida personal es incapaz de conectarse con seres humanos (quizás sea un poco exagerado decir eso, si tiene amigos pero son los menos y no es el tipo de compañía que él busca).

Todo esto cambia cuando un día él se encuentra con un nuevo sistema operativo, Samantha, quien promete ser un fiel y comprensivo compañero, alguien tan cercano como lo puede llegar a ser cualquier humano, con la única diferencia que Samantha no tiene un cuerpo, ni un corazón latiendo que se acelere cuando siente una gran emoción, sin embargo, eso no le impide relacionarse con Theodore como si ella fuera corpórea.

Samantha es una Inteligencia Artificial pero antes de continuar con su historia de amor con Theo (la cual pueden ver completa en la película Her dirigida por Spike Jonze y estrenada en 2013) es importante definir qué es una Inteligencia Artificial.

Una I.A. puede definirse como el mecanismo por el cual las computadoras, los robots y otros dispositivos realizan tareas que normalmente requieren de la inteligencia humana. Por ejemplo, la resolución de cierto tipo de problemas, la capacidad de discriminar entre distintos objetos o responder a órdenes verbales. La I.A. agrupa un conjunto de técnicas que, mediante circuitos electrónicos y programas avanzados de computadora, busca imitar procedimientos similares a los procesos inductivos y deductivos del cerebro humano. Se basa en la investigación de las redes neuronales humanas y, a partir de ahí, busca copiar electrónicamente el funcionamiento del cerebro. A través de la Inteligencia Artificial se han desarrollado los sistemas expertos que pueden imitar la capacidad mental del hombre y relacionar reglas de sintaxis del lenguaje hablado y escrito sobre la base de la experiencia, para luego hacer juicios acerca de un problema, cuya solución se logra con mejores juicios y más rápidamente que el ser humano. Samantha, por ejemplo, copia a Theodore en la medida que interactúa con él y lo hace tan bien que resulta ser una amiga tan sensible y comprensible como lo sería nuestro mejor amigo.

Mientras la historia se desarrolla ambos entablan una relación que podríamos definir como noviazgo, la cual, se vuelve tan complicada que surge la inquietud acerca de si es realmente necesario conocer a alguien en la vida real para entablar una relación amorosa, más aún, la trama plantea la cuestión: ¿se pueden tener relaciones intimas sin la parte física?, ¿se vale decirle te amo a un software?, ¿dónde están los humanos que se miran a los ojos y se dicen que se extrañan, que se aman?

El ser humano es sociable por naturaleza y actualmente con el incremento exponencial de las nuevas tecnologías (las cuales engloban smartphones cada vez más rápidos y nuevas redes sociales) se hace cada día más fácil comunicarse con el mundo entero. Que sea más fácil, sin embargo, no implica que sea mejor; actualmente es muy sencillo conectarnos con nuestros seres queridos de manera instantánea, aún cuando éstos se encuentren del otro lado del mundo. Pero cuando llega la noche y estamos todos frente a la mesa, cenando con nuestra familia, dejamos de comunicarnos, ¿en qué momento se volvió normal el aislarnos de las personas sentadas frente a nosotros para ensimismarnos en nuestro smartphone y “hablar” con personas que están ausentes? ¿No sería más bonito sonreír a rostros presentes en vez de sonreírle a una pantalla que sólo nos envía emojis amarillos?

La felicidad que una red social brinda es efímera e irreal, como Snapchat; lo más importante en esta vida recae en esos pequeños momentos que compartimos con las personas a nuestro alrededor. Es más bonito levantar la vista y ver lo que nos rodea; pasear, leer un libro, incluso sonreírle a las personas en la calle resulta más satisfactorio.

 

Estamos convencidos de que si empezamos a hablar más y textear menos podremos aprender a conocernos mejor como humanos y como sociedad. El amor sabe mejor cuando lo tocas y lo saboreas que en forma de emojis predeterminados.  

 

 

Edith Fuentes Soriano. 

Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM, se especializó en lingüística: en los sonidos de las lenguas. Actualmente hace su tesis sobre entonación. Viaja mucho, lee mucho y se obsesiona con casi todo, especialmente si se trata de ciencia y literatura.

Luis H.C

Creador de contenidos en la Bombilla. Estudiante de Química en la Universidad Nacional Autónoma de México

 

Referencias

1.-http://www.comoves.unam.mx/numeros/articulo/2/la-inteligencia-artificial-hacia-donde-nos-lleva

2.- Roger Loaiza Álvarez. De la información a la informática. Politecnico Colombiano Jaime Isaza Cadavid, 1991.

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