Hace falta una aspirada al techo de la casa, hay mucha basura flotando por ahí

espacio, pelìculas

Las proezas de la humanidad suelen implicar venturas y desventuras. La exploración espacial no está exenta de ello, algunas tan dramáticas y sonadas como la explosión del Challenger, y otras tantas que han y no han costado vidas humanas. Afortunadamente, ese costo de vidas humanas no se ha debido, al menos hasta ahora, a la basura espacial que orbita sobre nosotros, pues no hemos sido testigos de un Spaceplane con ruta “Ciudad de México-Mar de la Tranquilidad”, ni hemos sido alcanzados por algún pedazo de chatarra orbital que se lleve la vida de algunas esposas mientras sus maridos van al baño del avión espacial; tal como sucedeen Planetes. Aún estamos a tiempo para asegurar un buen futuro en nuestro desarrollo tecnológico espacial, realizándolo responsablemente y siendo previsivos con las consecuencias que éste pueda tener; y bueno, también limpiando un poco el desorden que ya dejamos allá afuera por nuestra falta de previsión. Pero pasemos a la materia, echemos un vistazo hacia arriba y no olvidemos que debemos estar atentos por si alguno de esos trocitos de chatarra tiene una trayectoria hacia nosotros, ¿listos?

 

Houston, tenemos un problema: está un poco sucio allá afuera.

Empecemos definiendo qué es “basura espacial”, o como le dicen en la famosa película de Alfonso Cuarón, Gravedad, “débris”: según la Orbital Debris Program Office de la NASA, la “basura espacial son todos los objetos en órbita (hechos por el hombre), alrededor de la Tierra que ya no cumplen ningún propósito útil”, es decir, todos los desechos consecuencia de los lanzamientos que se han hecho a lo largo de la historia.

Lo anterior nos remonta hasta el 4 de octubre de 1957, a las 22:28:34, hora de Moscú, cuando la entonces Unión Soviética puso en órbita el primer satélite artificial: el Sputnik 1 (‘sputnik‘ es la palabra rusa para decir “compañero de viaje”), que duró 92 días en órbita. Desde ese día hasta hoy, todos los lanzamientos, sin excepción alguna, han dejado su huella, ya sean etapas desechadas por los cohetes durante el lanzamiento, misiones fallidas con las que se pierde comunicación y terminan vagando en su órbita, satélites cuya vida útil finaliza e incluso pequeños fragmentos de naves espaciales.

Un ejemplo muy gráfico de sucesos de esa naturaleza son los expuestos en la película Gravedad, donde una nube de fragmentos causados por un misil ruso que detonó un satélite en órbita, genera desechos espaciales que producen un caos terrible allá arriba; formalmente eso se conoce como Síndrome de Kessler y, la verdad, no es algo para nada bonito.

Donald J. Kessler es actualmente asesor de varias organizaciones dedicadas al rastreo de basura espacial; entre 1979 y 1990 comenzó su prolífico trabajo a favor de la localización de la basura espacial llegando al modelo que lleva su nombre. Este síndrome nos dice que a mayor cantidad de basura espacial en órbita, aumenta en gran medida la probabilidad de que ésta colisione entre sí o con satélites funcionales, produciendo, en el peor de los casos, un efecto en cadena capaz de aniquilar cualquier cosa que hayamos puesto allá arriba y negándonos por siglos el acceso al espacio.

Aunque es mencionado que el proceso puede tardar siglos, el seguir realizando programas espaciales o desechables cuyo potencial de quedarse en órbita sea alto, o incluso actividades tan irresponsables como la del 11 de enero del 2007, cuando China probó un misil balístico lanzándolo contra uno de sus satélites meteorológicos, teniendo éxito y aumentando la cantidad de fragmentos de basura espacial en ¡un 15%!, pueden negarnos el acceso al cosmos o dejarnos sin telecomunicaciones en cuestión de décadas. En Gravedad se ilustra de una forma hermosamente gráfica, lo horrible que podría ponerse todo si fueras astronauta y las cosas se complicaran en tu primer vuelo gracias al Síndrome de Kessler.

¿Cómo sabemos de la basura espacial? Básicamente porque ya ha causado estragos; mencionemos un par de ejemplos relativamente recientes. Desde que la Estación Espacial Internacional se puso en órbita en el año de 1998, en promedio se ha tenido que realizar una maniobra anual, ya sea para evadir algún fragmento de basura espacial o para echar a andar el protocolo de evacuación de la misma, el cual se realiza cuando las probabilidades de impacto son de 1 en 10 000; podrá verse como una probabilidad muy baja, pero creo que a cualquiera de nosotros allá arriba, eso nos bastaría para querer meternos en las cápsulas Soyuz de evacuación. Otro ejemplo fue el del satélite ecuatoriano NEE-01 PEGASO, el cual a poco menos de un mes de su lanzamiento en el 2013, sufrió una anomalía que causó algunos daños al dispositivo y modificó su posición; debido a que su órbita era muy cercana a la de los restos de un cohete ruso lanzado a mediados de los años ochenta, se piensa que pudo haber rozado algún fragmento de este.

– ¡Mira mamá, estrellas fugaces!
–Oh no, hijo, eso era la Estación Espacial Tiangong.

Desde 1986 el tema de la basura espacial ha sido de importancia entre las naciones que han alcanzado el espacio. Esto inició un proceso que desembocó en la fundación del Inter-Agency Space Debris Coordination Committee, un esfuerzo internacional por coordinar las actividades espaciales en pro de la prevención y mitigación de la basura espacial; actualmente lo conforman varias agencias espaciales del mundo como NASA, ROSCOSMOS, ESA, JAXA, ISRO, DLR, entre otras. Dicho esfuerzo ha dado como resultado una clasificación de la basura espacial, así como un conteo de la detectable y una estimación no detectable, la cual está ordenada en orden del tamaño (se clasifica por su visibilidad desde observatorios en tierra, como el del Instituto de Astrofísica de Canarias):

  • ~21 000 objetos mayores a 10 cm.
  • ~500 000 objetos entre 1 y 10 cm.
  • ~100 000 000 de objetos menores a 1cm.

Se podría pensar que dicha clasificación es muy exagerada, ya que 10 cm no son nada en el espacio ¡y mucho menos 1cm! pero aquí no importa el tamaño, importa la velocidad; incluso los objetos menores a 1cm teniendo una velocidad de 7 a 8 km/s son altamente peligrosos; por ejemplo en el ánime Planetes la historia empieza con una tragedia: un spaceplane proveniente de una concurrida estación espacial, encontrándose en pleno descenso a la Tierra, es golpeado por nada más y nada menos que ¡un tornillo a velocidad orbital; el navío al verse desprovisto de seguridad ante impactos de esta naturaleza se despresuriza y sufre un accidente, que por sensibilidad a los espectadores, es omitido de escena.

Los impactos espaciales pueden ser tan graves que en 2002, los paneles solares del telescopio espacial Hubble fueron cambiados, y ya en la Tierra, se observó que estaban seriamente ametrallados, teniendo orificios de hasta 8mm de diámetro.

Es por esta razón que se cuenta con herramientas serias como el Orbital Program Debris de la NASA, que mantiene un registro de la basura observable pasando por una base de datos del Departamento de Defensa de los EEUU en space-track.org. Incluso existen sitios web más amateur como stuffin.space, que resulta bastante entretenido pues es un mapa en 3D donde puedes observar los objetos en órbita (puedes pasar horas curioseando entre tantas cosas ahí).

Hasta aquí dejamos por ahora la primera parte pues es un tema extenso y en la siguiente nota abordaré las diferentes propuestas de solución que hay para esta problemática, las cuales van desde innovadoras ideas con tecnología de punta hasta volvernos millonarios pepenando basura que cuesta más que nuestras propias casas. ¡Hasta la próxima! Y no dejen de estar atentos al cielo.

 

Bibliografía:

 

Autor: Francisco Moisés García Hernández, el “Camarada Cósmico”. Estudiante de Ingeniería Mecánica en la Facultad de Ingeniería de la UNAM. Soy vicepresidente de la naciente Asociación Aeroespacial de la Facultad de Ingeniería, proyecto que se lleva gran parte de mi tiempo. La ingeniería en cohetes, la astronomía, la cosmología y la música son las dueñas de mis noches; cabe mencionar que son muy celosas.

Ilustración: Aldo Manuel Ríos Morales.

Estudiante de Diseño de la Comunicación Gráfica en la Uam-X. Su pasión por el arte lo ha llevado a realizar murales, ilustraciones, pinturas y hasta performance. Sin un estilo definido y con una filosofía relajada, vive y disfruta de la etapa de experimentación. Ahora se dedica principalmente a comer, beber, ver películas, bailar y dibujar con uno que otro trabajo ocasional.

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