Affaire sangriento o por qué mi esposa me botó por otro par de aletas

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Frío. Terrible frío. Un frío tan intenso que resulta impertinente, implacable. Y no, no es una referencia a la medida de un sistema de baja energía térmica. Es el frío del abandono, la desesperación y la impotencia del pobre pingüino que trabaja todo el día para conseguir peces, llevarlos a su nidito de amor (literalmente un nido, hablamos de un ave) y así alimentar a sus esponjosos polluelos. Le hiela hasta los huesos el sentirse abandonado a su suerte por la ingrata pingüina que lo cambia por otro en su propio nido.

O así lo queremos ver. La presencia omnisciente del nuevo y voluble semidiós de la civilización moderna: el internet, nos trae de la mano de sus concubinas, las redes sociales, una cascada de memes (o también llamada “tren del mame” por los millenials) ante nuestros ojos y mentes, ávidos de desperdiciar tiempo y energía en la más reciente y baladí de las distracciones on-line. Más fútil: decenas de éstos memes basados en un fragmento de video filmado por una muy famosa sociedad norteamericana realizadora de documentales de geografía y naturaleza.

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